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Perdida en la remota península de Kenai, en Alaska, la localidad de Homer ofrece a sus visitantes uno de los espectáculos más grandiosos y desconcertantes del planeta. Cada día, desde hace 27 años, la señora Keene sale al patio trasero de su casa y da de comer a unas 400 águilas calvas.
1 comentario
Alberto 29 may 2009 | 07:42
Gracias, es dificil encontrar esta pequena informacion sobre esta mujer, saludos!!
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