Pese a la gran importancia del transplante de corazón lo que realmente acentuó su carrera fue el transplante de una cabeza de cachorro en el cuerpo de un mastín adulto en 1953. A los dos días el mastín murió pero se dieron cuenta que ambos salivaban o tenían sed al mismo tiempo.
Vladimir Demikhov intentó este proceso en 24 ocasiones pero todos los casos fueron fallidos, muriendo el perro anfitrión en un plazo máximo de un mes.
Sin duda, otra investigación soviética de las que le ponen a uno los pelos de punta

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